Tomar decisiones de riego basándose únicamente en la inspección visual de la capa superficial es arriesgado. El verdadero estado hídrico del cultivo se define en el perfil del subsuelo, exactamente donde se desarrolla el bulbo húmedo y la zona radicular activa.
Para no regar a ciegas, instalamos sondas de capacitancia o FDR a diferentes profundidades (por ejemplo, a 20, 40 y 60 cm). Estos sensores nos permiten monitorizar la dinámica del agua y gestionar el riego apoyándonos en tres parámetros agronómicos clave:
Capacidad de Campo (CC): es el estado de humedad óptimo. Se alcanza cuando el suelo ha drenado el exceso de agua por gravedad y los microporos retienen el agua disponible. En este punto, la planta extrae la humedad con un gasto energético mínimo, maximizando su fotosíntesis y desarrollo.
Agotamiento permisible (umbral de riego): es nuestro límite estratégico. Define el porcentaje de agua útil que permitimos consumir al cultivo antes de iniciar el siguiente riego. Si el suelo baja de este umbral, la planta entra en estrés hídrico, cerrando estomas y penalizando tanto el rendimiento como el calibre de la cosecha.
Punto de Marchitez Permanente (PMP): el límite crítico. El agua que queda en el suelo está retenida con una tensión tan alta que el sistema radicular es incapaz de absorberla. Si se alcanza este punto, el cultivo sufre un colapso celular y daños irreversibles.
También existen los conceptos de Agua útil y Agua fácilmente disponible, el Agua útil es toda el agua entre la capacidad de campo y el punto de marchitez permanente, es toda el agua aprovechable por la planta. Y el agua fácilmente disponible es toda el agua disponible que la planta puede aprovechar sin que se produzca una merma productiva.
¿Por qué es vital medir a diferentes profundidades?
Porque el suelo no se seca de forma homogénea. La capa superficial puede estar seca debido a la evaporación directa, mientras que a 40 centímetros el perfil puede mantenerse en perfecta Capacidad de Campo. Si ordenamos un riego basándonos en la sequedad superficial, provocaremos asfixia radicular en las capas inferiores, lixiviación (lavado de nutrientes por percolación profunda) y un gasto innecesario de agua y energía.
El objetivo agronómico es preciso: utilizar la monitorización digital para mantener la humedad confinada en la franja radicular de mayor absorción, haciendo que los valores oscilen siempre de forma segura entre la capacidad de campo y el agotamiento permisible.
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